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Historia de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Semana Santa

1.- Breve Historia de la Junta Mayor.

 

El 26 de abril de 1996 se constituye la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de Pilar de la Horadada, en la que están representadas las ocho cofradías que existen en este momento.

La Junta Mayor comienza a organizar las procesiones de 1997, estableciendo nuevos recorridos para los desfiles que en este primer año de existencia de la Junta comienzan el Viernes de Dolores con el Vía Crucis; el domingo de Ramos con la procesión de las Palmas por la mañana y la de las Mantillas por la tarde (llamada así por el gran número de mujeres ataviadas con teja y mantilla que acompañan a la imagen de la Virgen de la Esperanza); el Jueves Santo la del Silencio; el Viernes Santo la procesión del Santo Entierro y el Domingo de Resurrección la del Encuentro. En 1999 se crea la procesión del Encuentro de la calle de la Amargura, se realiza el Miércoles Santo y se encuentran cuatro tronos: la Mujer Verónica de la Santa Faz, Nuestro Padre Jesús Nazareno, San Juan Apóstol y Nuestra Señora de los Dolores.

En 1998 se crea la Cofradía de Jesús Triunfante, que se encarga de la procesión de las Palmas. En 1999, dos de las cofradías existentes estrenan dos nuevos pasos: la Mujer Verónica de la Santa Faz, de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno que es portada a hombros de mujeres y el de San Juan Apóstol y Evangelista de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores.

Durante este año 2006 celebramos el X ANIVERSARIO de su creación. De las siete Cofradías con las que se fundó la Junta Mayor, actualmente existen ocho; de los siete tronos que procesionaban, en este momento hay diez (nueve a hombros); y de tres procesiones que se realizaban, en nuestros días se programan seis.

Tras veinte años de historia, el resultado de la gestión de la Junta, partiendo de los objetivos iniciales, ha superado todas las expectativas. Año tras año, se ha ido publicando el Libro de Semana Santa, diez en total y otros diez Carteles Anunciadores realizados todos ellos por el escultor Víctor García Villalgordo. A lo largo de estos años, diez Pregoneros han glosado la Semana Santa pilareña con emoción y sentimiento. Doce pilareñas y pilareños han sido nombrados Cofrades Distinguidos, personas que han trabajado durante toda su vida para que hoy tengamos una gran Semana Santa. En 1997 se otorgó el titulo más grande de la Semana Santa pilareña, el de Madrina, que ostenta nuestra patrona la Santísima Virgen del Pilar.

En el año 2005 nos hermanamos con la Junta Mayor de Torrevieja. Además se mantienen muy buenas relaciones con la Junta Mayor de Orihuela y con el Cabildo General de San Pedro del Pinatar (Murcia).

En este momento todas las Cofradías y la Junta tienen aprobados sus Estatutos Canónicamente por el Señor Obispo de la Diócesis de Orihuela-Alicante y somos Asociaciones Públicas de Fieles Cristianos. También tenemos solicitada la inscripción de todos los estatutos en la Dirección General de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia.

La Junta Mayor se ha propuesto nuevos objetivos para el futuro, que pasan por ser Miembro de Pleno Derecho de la Junta Diocesana de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de Orihuela-Alicante. Este hecho nos ha llevado a conseguir que se celebren en Pilar de la Horadada, en el año 2007, los XIV Encuentros Provinciales de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de la provincia de Alicante.

La Junta Mayor y las Cofradías y Hermandades de Pilar de la Horadada han comenzado a poner en marcha la labor social que las Cofradías tienen. Por este motivo se ha creado el Fondo José María Samper Micol, que sirve desde el año 2006 para llevar a cabo la Obra Social de la Junta Mayor y la de sus Cofradías.

Gracias a todos los que habéis conseguido esto y muchas felicidades.


 

2.- Relato de la Primera Procesión del Encuentro de la Calle de la Amargura.

 

Relato de la Primera Procesión del Encuentro de la Calle de la Amargura, publicado en el Libro de Semana Santa de 2000, escrito por Andrés Martínez Hernández, que lo vivió en primera persona como Hermano Portapasos de San Juan:

UNA NOCHE PARA EL RECUERDO.

Cuando finaliza la Semana Santa de 1998 y después del paréntesis veraniego, se comienza a gestar una idea de la que se ha hablado en alguna ocasión. La Junta Mayor, debe impulsar el nacimiento una nueva procesión, para ir completando las carencias que tiene nuestra Semana Santa pilareña. Esta idea se convierte en una realidad cuando en la reunión que celebra El Pleno de la Junta Mayor de Cofradías el día 28 de Enero de 1.999, se aprueba, por mayoría, que saldrá una nueva procesión. Esta procesión es la que corresponde al Miércoles Santo y recuerda el encuentro de María con su hijo en la vía dolorosa, camino del Calvario, como se narra en la IV Estación del Vía Crucis.

La Junta acuerda que esta procesión se llame: “EL ENCUENTRO DE LA CALLE DE LA AMARGURA”. Tendrá lugar en el cruce de las calles Escultor Ribera Girona con Ramón  y Cajal, enfrente del Ayuntamiento.

En un principio las imágenes necesarias para hacer esta procesión son, naturalmente, Nuestro Padre Jesús Nazareno, acompañado por primera vez por la Santa Mujer Verónica y se acuerda  que  la Virgen será La Dolorosa. En estas fechas, aun no está claro si participará San Juan, ya que ni está terminada la imagen, y el  trono se está construyendo.  Adelantando acontecimientos diré que al final salió, acompañando a la Virgen.

El lugar del encuentro es el más adecuado, después de barajar otros posibles. A continuación hay que distribuir la manera en que los cuatro tronos hacen el recorrido. Después de varias posibilidades se encuentra la solución, ahora parece fácil pero en los primeros momentos es muy complicado por dos motivos, el primero por que los cuatro tronos deben llegar al punto del encuentro prácticamente a la vez y en segundo lugar hay que conseguir que dos de los tronos, (San Juan y la Verónica) una vez se encuentren con el Nazareno, se retiren a un lado, sin abandonar el lugar y dejen paso a la Madre Dolorosa, portada a hombros por unas setenta mujeres y con una envergadura de unos ocho metros de largo. Dicho sea como anécdota, esa noche la gente que se congrega en el lugar, comentaba lo complicado que es que los cuatro tronos se encuentren en un lugar tan reducido, máxime si se tiene en cuenta que los cuatro van portados a hombros.

La verdad  es que ahora es muy fácil de comprender, si antes lo has visto y planificado sobre un plano del casco urbano de Pilar de la Horadada y después has ido a las calles correspondientes para comprobar que se puede hacer, como hicieron algunas personas de la Cofradía del Nazareno, aunque ni aquella noche ni las siguientes, dejará de sorprender esta procesión.

En primer lugar nos situamos, con la imaginación, en  la calle  la Isla esquina con Benito Pérez Galdos, donde en un almacén tienen su sede, durante la Semana Santa, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de la Santa Mujer Verónica. Desde allí salen los dos tronos, aunque previamente el Vicario Gerardo Coronado Azorin, procede a la bendición del romero, que el trono del  Nazareno lleva como ornamento y que después de la procesión se regala a los asistentes.

 En primer lugar, con el Estandarte con la corona de espinas al frente, forma la Agrupación de Cornetas y Tambores de la Cofradía (que llenan con los sones de sus ensayos, de un modo tan especial las noches del barrio de “Las Casicas” previas a la Semana Santa), a continuación los penitentes y después el trono de Jesús Nazareno. Los costaleros llevan un paso muy peculiar, si se mira hacia arriba, se ve al Nazareno andar, de una manera tan cansada y dolorosa, que parece que de un momento a otro va a caer bajo el peso de la cruz. A continuación le sigue, por primera vez la Verónica, trono portado por mujeres, que al igual que sus compañeros, imprimen un ritmo especial a su marcha, adaptado para esta imagen, esa enigmática mujer, que lleva un paño en la mano (curiosamente, en los momentos previos al encuentro, el paño esta total y absolutamente inmaculado, no hay nada en el), avanza, como el que busca algo, al que no le importa lo que digan ni lo que le rodea, solo tiene un objetivo, encontrar lo que busca.

Dejemos a esta cofradía y busquemos al resto de los participantes. En la calle Alfonso X el Sabio, próximo al cruce de la calle Mayor, está formada la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, en primer lugar, el Estandarte, con el águila de Patmos, presta a volar e indicarles el camino a los Hermanos y al trono de San Juan, con su dedo extendido. Hay emoción. Es la primera salida de la Hermandad, esta noche es cuando se van a ver los frutos de dos meses de preparación de los Hermanos Portapasos. A continuación forma la Agrupación de Tambores de la Cofradía, con su estandarte al frente, su jefe, Dalmacio da las últimas indicaciones. Después el Estandarte de la Dolorosa, corazón con siete puñales de dolor, al que esta noche le clavaran el primero, cuando Madre e Hijo se encuentren en la Vía de la Amargura, a continuación lo Penitentes con sus capuces y capas azules, hachones iluminados y listos para la salida. Por último la Joya de la Cofradía, María, la Madre Dolorosa, sobre el digno pedestal que portan sus setenta Damas Portapasos.

Se hace el silencio poco a poco, los tambores comienzan a sonar, Pedro y Juan José, capataces de la Dolorosa y San Juan, respectivamente, dan la señal y los dos trono elevan a sus santos al cielo. Para San Juan es la primera “levanta” oficial de Semana Santa, eran aproximadamente las 22.30 horas del día 31 de Marzo de 1.999.

Toda la Cofradía comienza a avanzar, lentamente pero con firmeza, en dirección a la calle Escultor Ribera Girona.

Las dos comitivas avanzan por el recorrido establecido. Cuando se aproximan a la zona del encuentro, El Nazareno se encamina por la calle Reyes Católicos hacia la puerta del Ayuntamiento, acompañado por sus penitentes y los tambores. Al llegar al cruce con Ribera Girona se para. La Verónica se ha metido antes por la calle Ramón y Cajal y espera al final de ésta.

San Juan y La Dolorosa, una vez entran en Ribera Girona, avanzan hacia el centro del pueblo.

Cuando los penitentes de la Dolorosa llegan a la altura de Ramón y Cajal, se paran y cubriendo la carrera, dejan avanzar a los dos tronos.

Jesús Nazareno  aparece en el centro de la confluencia de las dos calles, donde hay una especie de plazoleta, la gente que abarrota las aceras, calle y balcones, enmudece. El trono  gira hacia la derecha y se queda de espaldas a la Iglesia, (muchos no comprenden como se van a desarrollar los acontecimientos, sobre todo por la falta de espacio). Cuando callan los tambores y se detiene el trono, aparece La Verónica, portada por mujeres, paso lento a veces corto y a veces impulsivo, llega delante del Cristo. El capataz da la orden de parar y sin bajarlo, las costaleras delanteras se arrodillan, haciendo que la Verónica se incline en señal de respeto y a la vez que ejerza su misión y limpia el rostro del Nazareno. Cuando se vuelve a levantar, el paño, antes limpio, lleva reflejada la imagen del Nazareno. La gente emocionada, aplaude.

La Verónica ha cumplido su misión y debe retirarse, lo hace  marcha atrás, recorriendo el mismo camino, por que es imposible girar el trono. Las Costaleras paran el trono debajo del balcón de la Peña Real Madrid y dejándolo en el suelo, forman en sus puestos, sin moverse.

El siguiente en llegar es San Juan. Paso firme y seguro, mano extendida, gesto serio, mirada de águila, llega delante de su Maestro. Tras unos breves momentos, el trono es posado en el suelo. Jesús no se ha equivocado con Juan, es impulsivo, pero no es un cobarde. El Maestro lo mira, no tiene ya fuerzas para hablar, pero hay cosas que solo se dicen con la mirada. Su legado esta a salvo, por lo menos  hay uno que está allí para demostrarlo.

El trono es levantado, con energía y firmeza, y marcha atrás se coloca al lado de la Verónica.

Todo está preparado para el gran momento. El trono de la Dolorosa avanza con su paso normal, pero suena la campana y a esa orden las Damas Portapasos, cambian el paso, y su marcha se hace más lenta, es un paso que  estrenan esta noche por primera vez. La Virgen parece que va andando de una manera más pesada. Es natural, la pobre no puede más, y ahora se encuentra con su Hijo, destrozado. El primer puñal se le clava en el corazón, sus lagrimas como perlas brillan en la cara, lentamente, como diciendo: “No puede ser., ¿Por que le hacéis esto a Él? ¿Que mal os ha hecho?”  Las Damas Portapasos, avanzan  lentamente, con la suavidad de la que lleva su bien mas preciado, casi mecen el trono con la delicadeza de la madre que acuna a su hijo. El silencio es impresionante. El trono se detiene y  María queda delante de su Hijo. El trono, a una orden del capataz, se inclina, ya que las mujeres  de la parte delantera casi se arrodillan. La Virgen saluda de esa manera a su Hijo.

Cuando vuelven a enderezar el trono, aún hay silencio, pero cuando el capataz, da la orden de bajarlo, el sonido de la campana hace que la gente despierte de un sueño e irrumpe en aplausos, hay muchos nudos en la garganta y muchas lagrimas.

Son las 23 horas de la noche, de una noche para el recuerdo, de una noche muy hermosa.

He de decir, para que así quede constancia, de algo que hicieron los costaleros Del Nazareno y que muchos no vieron: PERMANECIERON A PIE FIRME, SIN BAJAR EL TRONO DE 1500 KILOS, DURANTE TODO EL TIEMPO QUE DURO EL ACTO. Aguantaron la llegada de los tres tronos y solo entonces bajaron el suyo. Solo el que haya ido debajo de un trono, sabe que estoy diciendo.

Este “detalle” y otros que no se conocen públicamente, por parte de personas anónimas y no tan anónimas, pero que llevan la Semana Santa tan dentro que no les importa el sacrificio,  confirma algo de lo que siempre he estado convencido, y es que LOS PILAREÑOS, nativos y adoptivos, TIENEN UN  CORAZON QUE NO LES CABE EN EL PECHO.

Con la Madre y el Hijo, uno frente al otro,  Gerardo Coronado, el Vicario dice unas palabras.

La procesión se inicia según el orden establecido: primero el Nazareno, después la Verónica, a continuación San Juan y al final La Dolorosa, las agrupaciones de penitentes y tambores, se colocan donde les corresponde, salimos por Ramón y Cajal (donde al Nazareno le recitan un verso) hasta la calle Mayor y llegamos a la Plaza de la Iglesia. Allí se reparte el romero a todos los presentes, muchos aun conservamos un poco, como un recuerdo físico de algo que nos queda grabado en el corazón, todos llevamos aun frescas las imágenes del Encuentro. Y cuando todo termina, no había mas que mirar las caras de los allí presentes, a algunos nos llega la sonrisa de oreja a oreja y todos tienen algo especial en su cara. No es común ser el testigo del nacimiento de una procesión, sin quererlo he vivido algo muy importante para el futuro de  este pueblo, por eso  y para que así conste para siempre y para que haya testimonio escrito, como Hermano  Portapasos  de San Juan y como Secretario del Pleno de la Junta Mayor de Cofradías de Semana Santa de Pilar de la Horadada, Alicante,  redacto el presente  en el año 2000, año Del Gran Jubileo.

Andrés Martínez Hernández.

Secretario del Pleno de la Junta

Mayor de Cofradías.

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